La  Coordinadora de “Mujeres a Mujeres” de Puertas Abiertas Internacional, Hélène Fisher, se unió a un equipo de campo en una visita a la República Centroafricana, donde pasó tiempo con las víctimas de violaciones y se dio cuenta de la gran diferencia que hace el apoyo en el área del micro comercio para restaurar la dignidad de esas mujeres.

“En primer lugar, me gustaría darle las gracias a usted y también a Puertas Abiertas por venir a buscarme y llevarme al hospital para hacer todas esas pruebas”.

La diminuta mujer sentada en el pequeño sillón no tiene el aspecto de una sobreviviente de múltiples violaciones. Luce más como la abuela enérgica que es, aunque con una profunda solemnidad en sus ojos. Ella y Mamá Irene han atravesado toda la ciudad hasta el Centro Cristiano para compartir sus historias. Ambas son sobrevivientes.

Mama Odette comienza. Su historia comenzó como muchas otras mujeres a lo largo de la República Centroafricana.

“Me encomiendo a Ti, Señor, toma mi vida si quieres”, fue la oración de Mama Odette al oír a los grupos de jóvenes armados que gritaban en las calles e irrumpían en las casas. Resulta que, los grupos no estaban matando a las mujeres de ese día, a menos que se resistieran. Odette eligió vivir.

Las semanas y meses siguientes fueron el tiempo más difícil, ya que las mujeres que habían sido agredidas fueron estigmatizadas como traidoras y adúlteras. Odette sabía que esto en el fondo no era cierto. “Nos señalan con el dedo y nos llaman ‘mujeres Seleka'”, dice ella, estampando su antebrazo como si se sintiese marcada”, pero están equivocados y no tenemos que soportar esa etiqueta nunca más”.

Ella se refugiaba en su Biblia cada vez que sus pensamientos se oscurecían o los recuerdos amenazaban con abrumarla. Ella también le pidió al Señor que fuera a infectarse con alguna de las muchas enfermedades que los soldados podrían haber contraído. Ella meditaba repetidamente en las promesas en el Salmo 91: 6-7.

91:5 No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,
91:6 Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.
91:7 Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará.

Cuando su pastor llamó a su puerta unos meses más tarde para decirle que los cristianos del extranjero invitaron a cientos de mujeres como ella en el hospital para pruebas, no se lo pensó dos veces. Fue un tiempo increíble para ella; no sólo su condición de víctima de violencia fue reconocida, sino además Dios había enviado ayuda para sus necesidades del día a día. Cuando vio los resultados de sus pruebas, descubrió que el Señor había contestado sus oraciones y la cuidó de adquirir alguna enfermedad. Ella también se alegró al ver que a las mujeres que habían enfermado se les dio la atención médica necesaria.

Veintiséis de estas mujeres cristianas todavía se reúnen juntas una vez por semana. Como la mayor, Mama Odette es una de las líderes. Ella les recuerda regularmente la importancia de tomar sus Biblias y leerlas siempre que tengan un momento libre. “Saben, yo puedo pasar mucho tiempo reviviendo lo que sucedió, pero cuando mis pensamientos comienzan a volverse amargos, tomo la Biblia y dejo que Dios cambie mis pensamientos y los lleve hacia su forma de pensar, cantándole una canción”.

Sin embargo, no es fácil vivir en circunstancias limitadas. “Sabes”, dice Odette, señalando alrededor de la casa de huéspedes toda amueblada en la que nos ha venido a visitar: “Yo vengo aquí y veo que los muebles de madera tienen cojines, las paredes no están dañadas, e incluso hay un televisor. Solíamos tener estas cosas también, pero los Seleka se llevaron todo y a veces echamos de menos estas pequeñas comodidades. Pero habíamos ahorrado toda nuestra vida para comprarlo de a poco, así que ¿cómo podemos tener eso de nuevo? “

Mama Odette es un gran creyente de la fe en acción. Cada vez que las mujeres vienen al Grupo semanal de Autoayuda para sobrevivientes’, aportan 100 francos en común como su pequeña ofrenda. “Tenemos que seguir aportando. ¿Cómo puedo entrar en la casa de Dios, si no tengo nada que darle? No puedo aparecer con los bolsillos vacíos y las manos vacías! “Si las 26 mujeres asisten, la ofrenda asciende a casi € 4.00. Entonces, ellas dan la preciosa colecta auna de las mujeres más necesitadas para que pueda financiar un micro megocio.

Así es como Mamá Irene, la otra abuela joven del grupo que viajó con Mama Odette, logró emprender la venta de ingredientes de jabonería. No es ni la sombra de la independencia que ella solía tener. Antes de que fuese atacada, ella tenía sus cómodos ahorros debajo del colchón. Solía conducir un coche alquilado hacia aldeas remotas cada semana y hacía el trueque de cacahuetes frescos, miel local, o lo que fuese de la temporada. Solía sacar un beneficio vendiéndolo en los mercados de la capital. Ahora Irene está en el negocio de nuevo gracias al fondo de solidaridad de las mujeres aunque sea en una escala mucho más pequeña.

Por supuesto, eso no traerá de vuelta a su marido que no pudo soportar la vergüenza de su violación y la acusó de infidelidad, a pesar de que ella se había resistido a sus atacantes hasta que finalmente la apuñalaron en su hombro. “Sabes”, dice con la mirada hacia abajo, “todavía llevamos el sello de la vergüenza”. Ella hace el mismo gesto como Mama Odette, golpeando su brazo izquierdo con el lado de su puño derecho, como un sello.

Sin embargo, este micro negocio, restaura en algo su dignidad. Le da un poco de margen de beneficio la molienda y pre-empaquetado de los ingredientes para el jabón y le da orgullo contarlo a todos con su propia voz al estar afuera, en los mercados de nuevo, ser parte de la sociedad, y hacer algo para mantenerse. Cada domingo por la tarde ella logra asistir a la reunión de mujeres con unos preciados 15 centavos en el bolsillo, fruto de su sorprendentemente fuerte empeño.

Fuente: http://www.puertasabiertas.org

Anuncios